La nueva ronda de despidos en Meta, anunciada para el 20 de mayo, ha devuelto a sus oficinas el clima apocalíptico que se vivió en 2022. Entonces, la noche previa a la comunicación oficial, los empleados acaparaban con desesperación snacks gratuitos, bebidas e incluso cargadores, temiendo no poder volver al día siguiente.

Adel Wu, exempleada de Meta que dejó la empresa en 2024 tras haber sobrevivido a cuatro o cinco recortes de plantilla, asegura que la oleada actual es la de mayor magnitud hasta la fecha. Recuerda aquella velada de 2022 como un auténtico fenómeno de acopio en el que muchos llenaban sus mochilas con todo lo que encontraban en las áreas comunes, convencidos de que era su última oportunidad.
Wu sostiene que la atmósfera interna apenas ha variado desde 2021, y que el miedo, la incertidumbre y la ansiedad previos a cada despido siguen paralizando la actividad diaria.
Sus comentarios desataron una ola de identificación en la plataforma X. Un usuario confesó haber vivido todas las rondas de despidos de la compañía y, aunque considera que esta no es necesariamente la peor, admite que la oficina sigue cargada de frustración, insatisfacción y agotamiento.
Otra persona relató que se despertaba de madrugada solo para revisar el correo en busca de la temida notificación, una conducta que describió como “trauma bonding” o vínculo traumático con la empresa.

También circulan historias que revelan la crudeza del proceso. Durante la primera gran reducción de personal de Meta, un trabajador recibió la carta de despido mientras se encontraba de viaje de trabajo. Las sucesivas reestructuraciones posteriores terminaron de desmoronar la moral de equipos completos.

Para muchos empleados de las grandes tecnológicas, el verdadero desgaste no está solo en la pérdida del puesto, sino en la angustia constante de no saber cuándo caerá el próximo golpe ni a quién afectará.





