
Hoy, 19 de mayo, el satélite SMILE ha despegado con éxito desde el Centro Espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, a bordo de un cohete Vega-C. La misión, desarrollada conjuntamente por China y Europa, ha superado la fase de lanzamiento sin contratiempos: el satélite se encuentra ya en la órbita prevista, con sus paneles solares completamente desplegados y todos los sistemas funcionando dentro de los parámetros nominales.
SMILE, acrónimo de Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer, está diseñado para capturar imágenes de rayos X blandos de la magnetosfera terrestre y estudiar en detalle la interacción entre el viento solar y el campo magnético de la Tierra. El viento solar, un flujo de partículas de alta velocidad procedente del Sol, puede desencadenar tormentas geomagnéticas y subtormentas capaces de afectar a satélites en órbita, degradar la precisión de los sistemas de navegación, interrumpir las comunicaciones e incluso poner en riesgo las redes eléctricas en latitudes altas. La magnetosfera actúa como un escudo protector natural, pero los mecanismos que gobiernan su acoplamiento con el viento solar todavía presentan numerosas incógnitas que esta misión aspira a desvelar.
Para ello, la plataforma integra cuatro instrumentos científicos. Dos de ellos son cámaras de imagen: un generador de imágenes de rayos X blandos (SXI) y un generador de imágenes ultravioleta (UVI). Ambos observarán de forma global la magnetopausa, las zonas de cúspide polar y la evolución completa de las auroras, proporcionando una visión dinámica y sin precedentes de la frontera magnética terrestre. Los otros dos instrumentos, un magnetómetro y un analizador de iones de baja energía, se encargarán de las mediciones in situ, registrando en tiempo real las propiedades del plasma del viento solar, las variaciones del campo magnético y los flujos de partículas en los límites de la magnetosfera. La combinación de imagen global y datos locales permitirá reconstruir por primera vez el ciclo completo de la energía en el entorno espacial cercano a la Tierra.
En las próximas seis semanas, SMILE realizará una serie de maniobras orbitales que lo conducirán a su órbita científica definitiva. Después completará dos meses de verificación en vuelo y dará comienzo a una fase de observación rutinaria con una duración prevista de tres años. Con esta serie continua de mediciones de alta calidad, la misión aspira a mejorar significativamente la capacidad de predicción de la meteorología espacial y a reforzar la protección de infraestructuras críticas tanto en el espacio como en la superficie terrestre.





