
El próximo 21 de mayo, más de 45.000 empleados de Samsung Electronics podrían iniciar un paro de 18 días, la huelga más prolongada jamás convocada en la compañía. El detonante es la imposibilidad de alcanzar un acuerdo sobre los criterios de reparto de las bonificaciones, una disputa que ya inquieta al gobierno surcoreano, a los inversores extranjeros y que amenaza con perturbar la cadena de suministro global de semiconductores para inteligencia artificial.
Según cientos de páginas de actas de negociación y entrevistas con más de una decena de trabajadores, el nudo del conflicto es quién debe participar de los frutos de la bonanza de la IA. Los empleados de la división de fundición sostienen que todos los departamentos contribuyen al ecosistema y merecen una distribución equitativa, mientras que el área de memoria considera que los beneficios son fruto exclusivo de su esfuerzo y no deberían compartirse.

Samsung ha cosechado ganancias extraordinarias gracias a la escasez global de chips de memoria, pero la rentabilidad de sus tres grandes unidades de negocio —memoria, System LSI y fundición— es profundamente desigual. En las negociaciones de marzo, la empresa propuso abonar a los trabajadores de chips de memoria una bonificación equivalente al 607 % de su salario anual, superando los niveles de su rival SK Hynix. En cambio, los aproximadamente 23.000 empleados del negocio de chips lógicos solo recibirían entre el 50 % y el 100 % de su sueldo anual.
Choi Seung-ho, líder sindical, preguntó durante una sesión: “Si los de memoria se llevan 500 millones de wones y los de fundición apenas 80 millones, ¿quién va a mantener la motivación?”. Kim Hyung-ro, director ejecutivo y entonces jefe negociador, respondió sin rodeos: “El negocio de chips lógicos ha perdido billones de wones. Si no fuera por nuestra empresa, probablemente ya habrían quebrado o cerrado. ¿Cómo van a exigir entonces una bonificación por rendimiento? La compañía aún cree en ese negocio y sigue invirtiendo en instalaciones, pero esas inversiones se financian precisamente con lo que gana memoria”.
En un comunicado, Samsung defendió que la división de chips lógicos es estratégica, subrayó que mantiene su apuesta de largo plazo y aseguró que la nueva propuesta ofrece “la remuneración más competitiva del sector”. El sindicato, sin embargo, exige eliminar el tope del 50 % del salario anual y destinar el 15 % del beneficio operativo anual a un fondo común de bonificaciones para todos los empleados.
Varios trabajadores confirmaron a Reuters que la fuga de talento ya es una realidad. Un ingeniero de la planta de fundición de Pyeongtaek relató que su equipo se ha reducido drásticamente en los últimos dos años porque varios colegas migraron a la división de memoria de Samsung o a SK Hynix. Otros dos empleados, que pidieron anonimato, señalaron que muchos compañeros están presentando solicitudes en SK Hynix y otras empresas. Un investigador con 30 años de antigüedad declaró durante una asamblea con unos 40.000 asistentes a finales de abril: “Vine porque estoy demasiado enfadado. Ya no puedo sentarme en la oficina a trabajar. Ya no me siento orgulloso de Samsung”, y añadió que él mismo ha solicitado empleo en Micron.
La amenaza de huelga ha disparado las alarmas. JPMorgan calcula que un paro podría restar entre 21 y 31 billones de wones al beneficio operativo de Samsung y generar una pérdida de ventas cercana a los 4,5 billones de wones. El presidente del consejo de administración advirtió en un memorando interno a principios de mes que, más allá de la interrupción productiva, una huelga podría desencadenar salidas de capital, menor recaudación fiscal y depreciación del won.
El presidente surcoreano Lee Jae-myung afirmó a finales de abril que algunos sindicatos estaban planteando “exigencias excesivas”, en un comentario que muchos interpretaron dirigido al sindicato de Samsung. La Cámara de Comercio de Estados Unidos en Corea alertó de que la incertidumbre laboral puede erosionar la confianza global en el país como socio industrial fiable.
Samsung insiste en que, si la huelga llega a producirse, el incumplimiento de los plazos de entrega a sus clientes supondrá “la pérdida total de la confianza”. La última propuesta de la empresa otorgaba a los 27.000 empleados de memoria un bono al menos cinco veces superior al del resto de las áreas de chips lógicos. El sindicato mantiene su reivindicación de un baremo único para todos los trabajadores. De momento, las posturas siguen sin acercarse.





