
El 14 de mayo, Anthropic publicó en su sitio web un extenso documento en el que insta al gobierno de Estados Unidos a tomar medidas inmediatas para ampliar la brecha en inteligencia artificial frente a China. La empresa, conocida por sus modelos Claude, sostiene que actores chinos estarían utilizando técnicas de destilación adversaria para transferir capacidades de sistemas estadounidenses a modelos más pequeños, y afirma que, si Washington y sus aliados no frenan ese acceso, la ventaja tecnológica podría reducirse a un margen de apenas 12 a 24 meses.

La intervención de Anthropic coincide con un momento financiero clave: según Bloomberg y The Wall Street Journal, la compañía negocia una ronda de inversión de 30 mil millones de dólares que elevaría su valoración total hasta los 90 mil millones. Este contexto ha llevado a numerosos analistas a interpretar el escrito como un intento de alinear intereses comerciales con la política de seguridad nacional, aprovechando un clima de creciente tensión geopolítica.
Alvin Wang Graylin, investigador del Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de la Universidad de Stanford y senior fellow del Asia Society Policy Institute, calificó la postura de Anthropic como una muestra de mentalidad de carrera armamentista y la tachó de irresponsable. Según Graylin, difundir mensajes de miedo y conflicto nos empuja en la dirección equivocada. El verdadero peligro no es la competencia entre países, sino la posibilidad de que actores maliciosos sin temor a represalias abusen de la inteligencia artificial. En lugar de levantar muros, abogó por buscar puntos de encuentro para una gobernanza colaborativa.
En la misma línea, Kyle Chan, investigador del Centro John L. Thornton para China en la Brookings Institution, señaló que las expresiones conciliatorias incluidas por Anthropic —como un supuesto alto respeto por el pueblo chino y sus logros en IA— resultan vacías al aparecer en un texto que mayoritariamente describe avances del país asiático como una amenaza inminente. Esa ambivalencia, añadió, difícilmente será bien recibida en los círculos tecnológicos chinos.
No es la primera vez que Anthropic lanza acusaciones similares. En febrero, la empresa señaló a DeepSeek y a otros dos laboratorios chinos por supuestamente copiar capacidades de su modelo Claude mediante destilación. Entonces, el medio tecnológico The Register ironizó sobre la sorprendente falta de autoconciencia de una industria que entrena sus propios sistemas con contenidos ajenos y luego acusa de robo a sus competidores.
Bao Shaoshan, profesor adjunto de la Universidad Tecnológica de Queensland y exasesor del exprimer ministro australiano Kevin Rudd, planteó la semana pasada que la amenaza real no nace de una confrontación entre potencias, sino de una pequeña élite de oligarcas tecnológicos con visiones apocalípticas y un proyecto de concentración de poder que pone en riesgo la rendición de cuentas pública, la estabilidad económica y el pluralismo global. A su juicio, el modelo de IA que impulsa China —enfocado en eficiencia de costos, diseño colaborativo de hardware y software, componentes de código abierto y rápida escalabilidad— ofrece un contrapunto basado en el acceso universal frente al control monopólico.
Hasta ahora, la respuesta de la comunidad china de inteligencia artificial ha sido contenida y en gran medida ha ignorado las provocaciones. El 12 de mayo, durante un evento en la Universidad de Pekín, Zhang Yutong, presidenta de Moonshot AI, declaró que la estrategia cada vez más cerrada de la firma estadounidense podría ser más peligrosa que el modelo abierto que se practica en China. Si realmente se cree que un modelo representa un riesgo, concentrar su acceso en un grupo muy reducido quizás incremente ese riesgo, advirtió.
El episodio evidencia cómo los debates sobre el futuro de la inteligencia artificial se entrelazan con intereses económicos y presiones geopolíticas, mientras voces independientes reclaman un análisis menos contaminado por alarmismos comerciales y una colaboración genuina para mitigar las amenazas compartidas.





