
La relación entre Apple y OpenAI atraviesa su peor momento tras dos años de colaboración que no cumplieron las expectativas de la creadora de ChatGPT. Según fuentes cercanas al caso, OpenAI considera que el acuerdo firmado en 2024 no ha generado los beneficios prometidos y ha comenzado a preparar posibles acciones legales contra el gigante de Cupertino.

Los abogados de OpenAI ya trabajan con un despacho externo para evaluar opciones que podrían materializarse en las próximas semanas. Entre ellas se baraja el envío de una notificación formal por incumplimiento de contrato, aunque la compañía no planea iniciar de inmediato un litigio completo. Ambas empresas declinaron hacer comentarios oficiales.
El pacto original permitía a los usuarios de Siri acceder a respuestas generadas por ChatGPT y más tarde se extendió a la aplicación Image Playground y a funciones de análisis de pantalla. A cambio, los suscriptores de ChatGPT podían registrarse directamente desde el menú de ajustes de iOS, y Apple recibía una comisión por los ingresos generados a través de su plataforma. OpenAI esperaba que esta integración atrajera a millones de nuevos suscriptores y llegara a facturar decenas de miles de millones de dólares anuales. La realidad ha sido muy distinta.
Un alto ejecutivo de OpenAI declaró bajo anonimato que la integración en los sistemas operativos de Apple ha sido limitada y difícil de descubrir para el usuario. “Desde el punto de vista del producto, hemos hecho todo lo posible. Ellos no. Peor aún, Apple ni siquiera ha mostrado un esfuerzo honesto”, afirmó. Los estudios internos de OpenAI revelan que la mayoría de los usuarios de iPhone prefieren utilizar la aplicación independiente de ChatGPT antes que recurrir a Siri o a otros accesos integrados, lo que diluye el impacto del acuerdo.
El accionar de Apple también ha despertado recelos por el lado de la privacidad. La compañía de la manzana ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por el manejo de los datos de los usuarios en los servicios de OpenAI, un factor que habría frenado una integración más profunda. Además, las recientes incursiones de OpenAI en el diseño de dispositivos de hardware, así como la contratación de ingenieros procedentes de Apple con paquetes salariales millonarios, han incrementado la tensión entre ambas firmas.
El valor de las acciones de Apple reflejó el nerviosismo del mercado ante esta noticia. El 14 de mayo, los títulos llegaron a descender un 1,2 % durante la sesión bursátil en Nueva York, para cerrar finalmente con una caída del 0,22 %.

Fuentes conocedoras de las deliberaciones internas señalan que cualquier movimiento legal por parte de OpenAI probablemente tendrá que esperar a que concluya el litigio que la empresa mantiene con Elon Musk. La compañía aún no ha tomado una decisión definitiva y prefiere resolver las diferencias con Apple fuera de los tribunales.
La llegada de nuevos competidores al ecosistema de Apple complica aún más el panorama para OpenAI. Se espera que durante la Conferencia Mundial de Desarrolladores (WWDC) del próximo 8 de junio, Apple anuncie la incorporación de asistentes como Claude, de Anthropic, y Gemini, de Google, dentro de un selector de modelos de inteligencia artificial que formará parte de iOS 27. Esta apertura diluye la posición privilegiada que OpenAI ostentaba hasta ahora en el software de Apple, aunque un ejecutivo de la empresa aclaró que el acuerdo nunca fue exclusivo y que el nuevo formato de extensiones podría incluso mejorar la visibilidad de ChatGPT.
En paralelo, Apple ha sellado un acuerdo con Google para utilizar su tecnología de modelos fundacionales y reforzar el motor interno de inteligencia artificial. Tim Cook, director ejecutivo de Apple, justificó la elección al afirmar que “la tecnología de Google ofrece la base más sólida para nuestros avances en IA”. Ambas compañías mantienen además un lucrativo acuerdo de búsqueda por defecto en Safari que genera miles de millones de dólares cada año.

La deteriorada confianza entre los antiguos socios también responde a movimientos estratégicos. OpenAI ha entrado de lleno en el terreno del hardware tras adquirir una startup cofundada por Jony Ive, exjefe de diseño de Apple y responsable del aspecto de productos icónicos como el iPhone. La operación fue interpretada en Cupertino como un desafío directo, al sumarse a la fuga de talento que OpenAI ha impulsado con ofertas económicas difíciles de igualar.
Los retrasos en las promesas de inteligencia artificial de Apple tampoco ayudan. La compañía acaba de desembolsar 250 millones de dólares para cerrar una demanda colectiva que la acusaba de publicidad engañosa sobre funciones de Siri anunciadas en 2024 y que todavía no están disponibles para los consumidores.
La disputa entre Apple y OpenAI ilustra los riesgos de una alianza donde los intereses y los ritmos de innovación no terminan de alinearse. Mientras la industria observa atenta, el futuro de la colaboración entre fabricantes de dispositivos y desarrolladores de inteligencia artificial parece abocado a redefinirse bajo reglas más estrictas y con una mayor pluralidad de actores.






