
Tesla ha presentado ante la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos versiones sin censura de los 17 informes de colisión vinculados a su sistema de conducción autónoma, eliminando por completo las ocultaciones que hasta ahora mantenía bajo el argumento de secreto comercial. La información, conocida este viernes, permite reconstruir por primera vez lo que realmente sucedió en cada uno de esos incidentes mientras la compañía realizaba pruebas de su servicio Robotaxi en Austin.

Los documentos actualizados en la base de datos del regulador estadounidense abarcan choques ocurridos entre julio de 2025 y marzo de 2026. Todos los vehículos implicados eran unidades modelo 2026 del Model Y, operaban con el sistema Full Self-Driving activado y contaban con un conductor de seguridad a bordo. Hasta ahora, Tesla era el único operador de sistemas autónomos que entregaba cada reporte íntegramente tachado y marcado como información empresarial confidencial, una práctica que había generado críticas recurrentes por parte de especialistas en seguridad vial.
En cuanto a las consecuencias físicas, trece de los eventos solo causaron daños materiales, en dos no se reportaron lesiones, uno derivó en heridas leves sin necesidad de hospitalización y el restante implicó lesiones leves que sí requirieron atención hospitalaria; en todos los casos la persona afectada fue el conductor de seguridad que viajaba dentro del vehículo.
Según las narrativas proporcionadas por la propia Tesla, el patrón dominante es el impacto por alcance. Los vehículos autónomos fueron golpeados por detrás mientras estaban detenidos ante semáforos en rojo, señales de alto o en medio del tráfico completamente inmóviles. Una berlina chocó contra la parte trasera de un Tesla parado en un cruce; un camión lo embistió por detrás en una señal de stop; un triciclo rozó el espejo retrovisor derecho al rebasarlo; un autobús urbano lo golpeó lateralmente durante un giro y un vehículo utilitario deportivo avanzó lentamente hasta impactar contra la defensa trasera de un Tesla detenido en un semáforo. Esta tipología de siniestro coincide con los patrones observados en los datos de colisiones de Waymo, donde los vehículos sin conductor suelen ser embestidos por detrás por conductores humanos que no advierten o no anticipan sus frenadas.

Más allá de los alcances, algunos sucesos encienden señales de alerta sobre la operación remota y la propia percepción espacial del software. Dos incidentes estuvieron vinculados a maniobras incorrectas de teleoperadores. En julio de 2025, un operador remoto tomó el control a distancia y subió el coche a una acera, chocando contra una valla metálica a 13 kilómetros por hora; fue la única colisión con un herido leve que no necesitó internación. En enero de 2026 se repitió un escenario similar: el conductor de seguridad solicitó la asistencia remota y el teleoperador, tras asumir el mando, impactó a 14 kilómetros por hora contra barreras de una obra en construcción.
El sistema Full Self-Driving también mostró limitaciones de percepción espacial en varios episodios. En septiembre de 2025, durante un giro a la izquierda sin protección para ingresar a un estacionamiento, el vehículo golpeó unas cadenas metálicas; un mes después rozó el enganche tipo cuello de cisne de un remolque que sobresalía hacia la calle; en enero de 2026 chocó contra un poste de madera al dar marcha atrás, y en otra maniobra de estacionamiento en reversa raspó el borde de una acera. El accidente más grave —con lesiones leves que requirieron asistencia médica— ocurrió en un carril exclusivo de giro a la derecha: el Tesla avanzaba a apenas 3 kilómetros por hora cediendo el paso de forma reiterada cuando una camioneta utilitaria deportiva lo chocó por detrás; el conductor de seguridad sintió dolor posteriormente y acudió a un centro sanitario.
Todos los siniestros se produjeron en Austin, la ciudad donde la empresa desarrolla sus pruebas de robotaxis. Tesla había argumentado ante las autoridades que la divulgación de los datos le causaría un perjuicio financiero, ya que sus competidores podrían utilizar esa información para evaluar los avances de su tecnología de conducción autónoma. Con la publicación íntegra de las narrativas, el comportamiento real de la flota de pruebas en condiciones urbanas queda por fin expuesto al escrutinio público.





