
SpaceX tiene programado para este martes un vuelo de prueba decisivo del prototipo V3 de Starship, el cohete gigante que la compañía viene desarrollando como pieza central de su estrategia de exploración lunar e interplanetaria. La misión, que se produce en un momento de fuerte presión competitiva y expectativa financiera, busca validar las importantes mejoras de diseño introducidas en el sistema de lanzamiento tras meses de rediseños.

El ensayo adquiere una relevancia particular debido a la posible inminente oferta pública inicial de la empresa aeroespacial de Elon Musk. Múltiples fuentes cercanas al proceso indican que la compañía aspira a debutar en los mercados bursátiles tan pronto como el próximo mes, y se espera que el documento de registro ante los reguladores se haga público durante esta misma semana. Este contexto convierte el resultado de la prueba en un factor que podría influir en la percepción de los inversores sobre el ritmo de innovación técnica de SpaceX.
La nave Starship es el vehículo seleccionado por la NASA para la misión Artemisa, cuyo objetivo es llevar astronautas a la superficie lunar en 2028. En ese marco, SpaceX compite directamente con Blue Origin, la firma fundada por Jeff Bezos. El plan de la agencia espacial estadounidense contempla que la etapa superior de la Starship se acople en órbita terrestre con la cápsula Orion de la NASA. Una vez realizado el descenso a la Luna, la Starship deberá despegar desde la superficie selenita, volver a acoplarse con la nave Orion y transferir a los tripulantes para el regreso a casa. El cronograma actual muestra que el desarrollo del cohete va con retraso respecto a las expectativas de la agencia.
Originalmente, el vuelo inaugural de este sistema estaba previsto para 2023, pero un fallo registrado el año pasado obligó a postergar la campaña de pruebas. La última misión de la Starship, que fue el undécimo intento de vuelo, tuvo lugar hace siete meses. Desde entonces, tanto el propulsor Super Heavy como la etapa superior han pasado por un profundo rediseño. Esta nueva iteración integra los flamantes motores Raptor 3, con dos unidades trabajando en conjunto en el propulsor y la nave, capaces de generar aproximadamente 8.100 toneladas métricas de empuje.
Las actualizaciones del hardware incluyen también un aumento en el volumen de los tanques de propelente de la etapa superior y una reducción en la cantidad de rejillas de control aerodinámico situadas en la parte alta del propulsor. Estas rejillas cumplen la función de dirigir con precisión la trayectoria de retorno del cohete hacia la plataforma de lanzamiento en el sur de Texas. Si bien el plan operativo final contempla la reutilización completa del sistema, capturando las etapas mediante brazos robóticos en la torre de la base Starbase, SpaceX ha confirmado que durante la prueba del martes no se realizará ningún intento de recuperación del propulsor. La misión tendrá una duración aproximada de 65 minutos y, si todo transcurre según lo previsto, la etapa superior amerizará de forma controlada en el océano Índico.
Don Platt, profesor del Instituto de Tecnología de Florida, señaló que el sector se había acostumbrado a la cadencia de un lanzamiento mensual que SpaceX mantuvo durante la segunda mitad de 2025. Las proyecciones apuntaban a que el debut del cohete de tercera generación ocurriera a principios de 2026. Platt calificó esta demora como poco habitual, sugiriendo que los ingenieros podrían haber enfrentado contratiempos imprevistos durante las campañas de testeo en tierra, aunque no trascendieron detalles técnicos específicos sobre las causas. La prueba del martes apunta a marcar un punto de inflexión para demostrar que el hardware de Starship está listo para cumplir con los exigentes requerimientos de una misión tripulada a la Luna.




