
En una ambiciosa demostración realizada esta semana, la startup californiana Figure AI enfrentó una ola de escepticismo y acusaciones de fraude durante una transmisión en vivo que buscaba probar la autonomía total de sus robots humanoides. Lo que fue anunciado como un evento de transparencia sin precedentes para silenciar a los críticos terminó generando el efecto contrario entre la audiencia especializada.
La compañía fundada por Brett Adcock había dispuesto tres unidades del robot Figure 03 en un almacén para realizar una jornada de ocho horas clasificando paquetes de forma independiente. La tarea consistía en escanear códigos de barras, recoger los paquetes, voltearlos para dejar la etiqueta boca abajo y colocarlos en una cinta transportadora, todo ello sin edición ni intervención humana. El objetivo era demostrar que su nuevo sistema Helix 02 permite a las máquinas cumplir un turno laboral como lo haría una persona.

El evento se viralizó rápidamente. La transmisión se extendió de las ocho horas planeadas a un maratón de 33 horas continuas, durante el cual los robots procesaron más de 40.000 paquetes. La audiencia acumulada superó los dos millones de visualizaciones. Según la versión oficial, la toma de decisiones era completamente autónoma y los robots se turnaban para recargar sus baterías sin ninguna asistencia humana.
Sin embargo, los espectadores más atentos documentaron una serie de anomalías que rápidamente alimentaron la teoría de una operación remota encubierta. El primer indicio fue un retraso constante en las acciones. Al girar o manipular objetos, se apreciaba una latencia de aproximadamente medio segundo, un patrón de respuesta que los críticos asociaron con el tiempo que toma a un operador humano observar la imagen, procesarla y enviar un comando, en lugar de la reacción instantánea de una inteligencia artificial.
Las sospechas se intensificaron con movimientos incongruentes registrados durante la emisión. En varios momentos, el robot levantó la mano para tocarse la cabeza sin motivo funcional o realizó pausas inexplicables. Los detractores interpretaron esto como ajustes del visor de realidad aumentada por parte de un operador o correcciones ante errores humanos de control. Otro detalle revelador fue un aparente movimiento anticipado del robot, que giró su estructura justo antes de que el director ejecutivo comenzara a hablar, sugiriendo que un operador había recibido una advertencia previa, algo incompatible con la percepción en tiempo real de una IA.
La gestión de fallos también resultó sospechosa. Cuando un robot se atascaba, en lugar de mostrar un comportamiento errático, ejecutaba un reinicio milimétrico y repetitivo, un patrón más propio de una intervención de teleoperación que de un error algorítmico aleatorio. Finalmente, la velocidad de trabajo oscilaba drásticamente. Durante ciertos periodos los movimientos eran fluidos y precisos, mientras que en otros primaba la caída frecuente de objetos, una irregularidad que los analistas vincularon a los ciclos de fatiga de un operador humano más que al rendimiento estable de un software.
Ante el aluvión de críticas, Figure AI negó categóricamente cualquier manipulación. La empresa atribuyó los retardos a fluctuaciones de la red y calificó los movimientos anómalos como autoajustes del sistema de inteligencia artificial. Recalcó que la transmisión era una auditoría de transparencia abierta a la supervisión global. No obstante, la startup se negó a divulgar los registros de datos del sistema o las bitácoras operativas, las pruebas clave que podrían zanjar el debate, y en su lugar procedió a clausurar secciones de comentarios en sus plataformas, una acción que profundizó el malestar y las dudas de la comunidad tecnológica.





